jueves 15 de septiembre de 2011

El auge del nacionalsocialismo... BERLÍN. CIUDAD DE HUMO, de Jason Lutes (ASTIBERRI).

La segunda entrega de la trilogía de Jason Lutes dedicada a los años más oscuros de la República de Weimar, previos al ascenso de los nazis al poder y a la II Guerra Mundial, empieza mostrándonos como los diferentes protagonistas del relato, así como la sociedad alemana, van digiriendo los hechos del sangriento primero de mayo de 1929.

Berlín se encuentra más polarizado que nunca, con una clase trabajadora muy empobrecida y encolerizada (sobretodo los comunistas, tras los acontecimientos del mencionado uno de mayo), mientras los burgueses y las clases pudientes sigue viviendo bien (comilonas, drogas y orgías incluidas). Algunos, incluso se permiten disfrutar del novedoso jazz americano, tocado por una banda de músicos de color que van a ser testigos excepcionales del principio del fin de una era.

Y del inicio de otra, cuando el Partido Nacionalsocialista consiga unos espectaculares resultados en las elecciones de septiembre de 1930...

En este escenario, donde los judíos tienen cada vez más claro que lo mejor es pasar desapercibidos y hacerse ver solo a los ojos del Señor, Kurt y Marthe pasarán de consolidar su relación, a la desavenencia más absoluta, coincidiendo con la introducción de Marthe en la parte más desenfrenada y bohemia de la vida nocturna de la capital, lo que la hará ajena a muchos de los sucesos que se van produciendo, como el crack del 29 (ese que ahora dicen que fue un juego de niños, comparado con la crisis financiera que tenemos en curso), el cual contribuirá a que la economía y, a remolque suyo, la sociedad alemana entren en barrena.

No obstante, antes de llegar a ese punto, Lutes usa el trabajo periodístico de Kurt para convertirles a él y a Marthe en testigos de primera fila de lo que está sucediendo. De nuevo, Lutes los usa a ellos como columna vertebral de su relato, a partir de la cual diferentes vidas se van cruzando, formando el fascinante e hipnotizador mosaico que es esta obra, la cual el autor consigue, de manera magistral, que se lea bajo una sensación continua de desasosiego y desastre inminente.

El dibujo de Lutes sigue una línea claramente ascendente, con un realismo y una claridad impactantes (así como algún que otro toque de calidad, como ese concierto de jazz narrado sin palabras) poniéndose, no obstante, totalmente al servicio de lo que el artista quiere contar.

Leyendo este fascinante tebeo, que no es precisamente un compendio de buen rollo, se me ha pasado un infernal y accidentado viaje de tren como si nada...

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