Otoño de 1928, en un tren destino a Berlín el periodista pacifista Kurt Severing coincide en un vagón con Marthe Müller, quien se dirige a la capital a estudiar arte.
Como bien le hace notar Severing a Müller, ambos se dirigen a una ciudad en estado de efervescencia, con comunistas y nacionalsocialistas enfrentados entre ellos por el control del futuro de la república de Weimar, los judíos siendo objeto de agresiones cada vez más graves, la pobreza y la miseria de la clase trabajadora siendo la norma (mientras las clases pudientes siguen engordando, a pesar de no estar exentos de reveses financieros) y la nación preparándose para la guerra, armando un ejército que no debería existir. Un caldo de cultivo profético de lo que espera en el futuro más inmediato a la nación alemana...
Mediante un dibujo claro y limpio, realista, meticuloso y detallado (y sin duda muy bien documentado), Lutes nos muestra como Marthe y Kurt deambulan por aquel escenario, lo que le permite hacer una radiografía de la época (en este volumen, desde otoño de 1928, hasta mediada primavera de 1929), el lugar (Berlín) y el país (la Alemania de entreguerras), a través tanto de los dos protagonistas, como los de aquellos con quienes se relacionan (el relato va y viene, de unos personajes a otros, flashbacks incluidos, aunque manteniendo siempre a Kurt y a Marthe como ejes centrales del relato).
Desde la llegada de Marthe a Berlín, los hechos se van sucediendo hasta el final del libro, cuando tiene lugar la manifestación comunista del primero de mayo de 1929, donde se da rienda suelta a la violencia, con funestas consecuencias para una de las protagonistas (lo reconozco, aquí la narración de Lutes ha conseguido pegarme un directo de derecha al estomago, y dejarme sin aire).
Del autor de esta ambiciosa, deprimente y fascinante obra, Jason Lutes, solo había leído anteriormente The Fall (editado en España por Planeta y escrito por Ed Brubaker), un interesante tebeo de género negro donde el dibujo del artista destacaba por méritos propios.
En el presente tebeo, no obstante, si bien el dibujo sigue siendo impresionante (mostrando una clara evolución del autor, de bueno a mejor), es la fuerza de la historia, así como la dureza de la vida de muchos de los protagonistas, y las penurias, la miseria y el el terror propios de la época reflejada, que estos han de soportar (y sobrevivir, si pueden), lo que se eleva por encima del dibujo.
En resumen, una apasionante y absorbente historia, tejida alrededor de unos meses clave de la historia (ya no tan) reciente de nuestra vieja y amada Europa.

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