Por mucho que Jason Aaron sea un tipo que sabe hacer sus tebeos duros y realistas (no en el sentido que sean creíbles por lo que ocurre, sino por el hecho que tanto los comportamientos de los personajes, así como los diálogos y relaciones que establece entre ellos, no se ven forzados y fluyen con el devenir de la historia), era obvio que esta miniserie era un producto con un objetivo muy marcado: dar una excusa desde el punto de vista creativo y de continuidad, para establecer un nuevo punto de partida para las series mutantes marvelitas, con números uno y toda la parafernalia propia de esas ocasiones.
Aún así, como no podía ser de otra manera con Aaron de por medio, el resultado final me ha dejado muy satisfecho. El escritor no renuncia en absoluto a la herencia de todos estos personajes, sino todo lo contrario. La abraza, la hace suya y la idolatra, para retorcerla y ajustarla ligeramente allí donde le interesa, de manera mucho más sutil de lo que inicialmente le podía suponer a este autor.
En esta quinta entrega, los hombres, mujeres y (sobre todo) los chavales-X, salen victoriosos de su enfrentamiento contra uno de los centinelas más letales jamás vistos aunque, como quedó claro en el número cuatro (el mejor de la miniserie), las cicatrices físicas van a sanar mucho antes que las que ha dejado este evento en la relación entre Logan y Scott. Y, probablemente, entre la raza humana (guiada por la ceguera e inutilidad propia de nuestros políticos, ¡ole Jason!) y los mutantes.
Y además, va a tener su miga ver a Logan de profe de los chavales, mientras Scott ejerce de Mesías guerrero y político mutante.
En la parte artística, este tebeo corre a cargo de Adam Kubert, quien si bien no llega al nivel de Alan Davis, Carlos Pacheco o Dani Acuña (los cuales, para mi gusto, lo han bordado en su participación en esta miniserie), o al de Frank Cho, sí cumple con lo que de él se espera: espectacularidad en las escenas de acción y páginas con los héroes en poses cool (si bien se traba un poco en las escenas más cotidianas, allí donde los diálogos se alargan).
En resumen, todo listo para el gran relanzamiento-X (al ritmo que llevan últimamente Marvel y DC, van a gastar esta palabra en dos días) del mes que viene.
Aún así, como no podía ser de otra manera con Aaron de por medio, el resultado final me ha dejado muy satisfecho. El escritor no renuncia en absoluto a la herencia de todos estos personajes, sino todo lo contrario. La abraza, la hace suya y la idolatra, para retorcerla y ajustarla ligeramente allí donde le interesa, de manera mucho más sutil de lo que inicialmente le podía suponer a este autor.
En esta quinta entrega, los hombres, mujeres y (sobre todo) los chavales-X, salen victoriosos de su enfrentamiento contra uno de los centinelas más letales jamás vistos aunque, como quedó claro en el número cuatro (el mejor de la miniserie), las cicatrices físicas van a sanar mucho antes que las que ha dejado este evento en la relación entre Logan y Scott. Y, probablemente, entre la raza humana (guiada por la ceguera e inutilidad propia de nuestros políticos, ¡ole Jason!) y los mutantes.
Y además, va a tener su miga ver a Logan de profe de los chavales, mientras Scott ejerce de Mesías guerrero y político mutante.
En la parte artística, este tebeo corre a cargo de Adam Kubert, quien si bien no llega al nivel de Alan Davis, Carlos Pacheco o Dani Acuña (los cuales, para mi gusto, lo han bordado en su participación en esta miniserie), o al de Frank Cho, sí cumple con lo que de él se espera: espectacularidad en las escenas de acción y páginas con los héroes en poses cool (si bien se traba un poco en las escenas más cotidianas, allí donde los diálogos se alargan).
En resumen, todo listo para el gran relanzamiento-X (al ritmo que llevan últimamente Marvel y DC, van a gastar esta palabra en dos días) del mes que viene.

Espero que no se vea muy modificado el carácter de los personajes. Para algunos de ellos, sus reacciones y su manera de ver las cosas lo es todo.
ResponderSuprimirLa gracia de este tebeo radica sobretodo en como Aaron se maneja para llegar donde él (o el marketing) quieren, sin que parezca que se fuerza a los personajes a ir contra su naturaleza.
ResponderSuprimirD'en Kubert en recordo el seu treball amb en Peter David a Hulk... Una bona feina!
ResponderSuprimirMira, aquesta és una d'aquelles (tantes) lectures que tinc pendents...
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